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Digerir el trauma


Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

En la sabiduría popular es de sobra conocido la relación que existe entre las emociones y los intestinos, solo recientemente esto se ha visto confirmado al comprobar la conexión entre el cerebro emocional y el Sistema Nervioso Entérico. Las investigaciones en este campo apuntan a establecer una relación más próxima entre los conflictos emocionales y los problemas intestinales, pero aún más, también plantean la correlación entre problemas intestinales y enfermedades mentales, tales como depresión y ansiedad.

En todo caso, sabemos de la existencia de un vínculo entre nuestro cerebro y nuestros intestinos, y también entre la salud intestinal y la salud mental. Desde otro punto de vista, ese vínculo no existe, sino que el cerebro y los intestinos forman parte de un solo órgano, o para decirlo de otra forma, el cerebro emocional es una extensión de los intestinos y viceversa. Esto no se trata de una mera analogía, sino de una realidad biológica.

Para decirlo de una vez, procesamos las emociones con los intestinos. ¿Qué implicaciones tiene esta afirmación? Por un lado, tiene consecuencias teóricas, y por el otro existen consecuencias prácticas. ¿Cómo podemos facilitar el procesamiento emocional a través del trabajo intestinal? Esta pregunta nos ayudará a adentrarnos al trabajo que realizamos desde el Masaje Contemplativo Postraumático.

Será necesario entender que:

· Todo alimento material también es un alimento energético y emocional.

· Que también comemos energía y emociones sin necesidad del alimento material.

· Qué de hecho nos vinculamos con la realidad a través de los intestinos.

· Qué lo que afecta en los intestinos afecta el cerebro y viceversa.

· Que las emociones pasan por el mismo proceso digestivo que los alimentos.

Podemos esquematizar el proceso de la di-gestión emocional a través de las siguientes fases:

1. En la masticación (dentadura y saliva) podemos “tragarnos” emociones sin “masticarlas”, o experiencias traumáticas que no podemos “masticar”.

2. En la deglución (garganta) hay emociones que no podemos “tragar”, o que dan asco y las vomitamos.

3. En la fase gástrica (estómago) nos encontramos con emociones que nos “caen mal”, que nos generan “acidez” y “reflujo”, pero también algunas nos generan una sensación de vacío.

4. Durante la asimilación (intestino delgado) hay emociones que nos “nutren”, que nos mueven “mariposas” o que las traemos “atravesadas”.

5. En la fase de excreción (intestino grueso) hay emociones que nos “estriñen”, nos “sueltan el estómago” o nos “inflaman el colón”.

La conexión que nos permite comprender la relación entre trauma, emociones, cerebro e intestinos, nos lo proporciona el Nervio Vago. Este par craneal se encuentra implicado en el proceso digestivo. El Nervio Vago puede colapsarse frente a una situación traumática, deteniendo la peristalsis y afectando todo el proceso digestivo, dificultando la deglución, la acidez, el reflujo, el malestar intestinal, el estreñimiento, la inflamación y la diarrea.

Los traumas son experiencias difíciles de digerir. Cuando se experimenta una situación traumática en soledad e indefensión el Nervio Vago se colapsa, afectando la deglución, la respiración, el estómago y los intestinos, manteniéndolos en una parálisis fisiológica que se caracteriza por el “congelamiento” del trauma en el cuerpo. Este congelamiento es lo que reconocemos como la memoria traumática, la cual no es una memoria del acontecimiento, sino una memoria de la respuesta fisiológica del freeze frente al acontecimiento.

El Masaje Contemplativo Postraumático cuenta con un protocolo que atiende este proceso digestivo de las emociones:

1. Expresión corporal (masticación). Escuchar los movimientos e-mocionales del cuerpo, siguiendo intuitivamente la disposición del movimiento del cuerpo para expresar la emoción. Esta expresión emocional del cuerpo puede ir acompañada de movimientos, actos, respiraciones y sonidos. Es importante abandonarse al movimiento emocional del cuerpo: moverte con el movimiento.

2. Reconocimiento consciente (deglución). En la etapa de deglución se lleva a cabo el reconocimiento consciente de la emoción, dicho reconocimiento supone una aceptación de lo que se esta sintiendo en el cuerpo en tanto movimiento emocional. Aquí la conciencia observa el movimiento emocional.

3. Contemplación (gástrica). En la fase gástrica llevamos a cabo la contemplación de las sensaciones y movimientos emocionales a través de la respiración del corazón, manteniendo el juicio en suspenso para poder ver lo que se presenta tal cual es.

4. Aceptación (asimilación). La fase de asimilación consiste en reconocer aquellos elementos que son importantes asimilar como una experiencia de aprendizaje y crecimiento, agradeciendo la vida y la oportunidad de crecer.

5. Soltar (excreción). La última fase consiste en aprender a soltar lo que no se necesita, especialmente el odio y el resentimiento, abrazando el perdón.



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