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La sexoenergética reichiana

February 9, 2014

 

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

 

El tema del sexo y la sexualidad ha sido un tema que ha causado la suficiente incomodidad dentro de nuestra cultura occidental judeo-cristiana, que se ha convertido en un tema tabú. Dicha actitud se encuentra determinada por las visiones antropológicas que predominaron en el marco de la colonización judeo-cristiana, prevaleciendo una visión dicotómica, ascética, estoica e idealista que configuró todo un paradigma antropológico del cuerpo, en tanto odio, ansiedad y negación. Tal paradigma supuso la negación de la sexualidad, sino es que su desprecio, y finalmente la persecución y el castigo. La amenaza de condena, pecado, culpa, bajo el pretexto de que toda experiencia sexual de placer es baja, animal, material y perversa, sino es que motivada por el diablo o el demonio, se convirtió en la moneda de cambio de la ideología moral sexual hegemónica del imperio cristiano, sea este romano, reformado o de los nuevos movimientos religiosos.

 

Este paradigma antropológico no se limito al campo de la ideología moral, sino que también impregno, primero a través de la filosofía, y posteriormente a través de la epistemología científica, toda la forma de producción del conocimiento, y en este caso, incluyendo sobremanera a la propia psicología. Tan ha sido así que en el momento en que la psicología “descubre” la sexualidad, y en concreto, las patologías sociales de la sexualidad, se inicia una campaña de desprestigio, una caza de brujas, persecuciones, difamaciones, que colocaron a ciertas figuras en el banco de los acusados, so pretexto de pervertir la moral, o de contravenir los designios divinos, adjetivando de antinatural, aberrante y demoniaco, toda visión vitalista, existencialista, naturalista, biológica, crítica, materialista, dialéctica y feminista de la sexualidad.

 

Es así que se empieza a calificar de “pansexualista” al psicoanálisis, o de “perversa” a las perspectivas sexológicas en ciernes. De esta forma, muchas teorías y corrientes que realizaban un planteamiento “sexual crítico” tuvieron que ser “desexualizadas”, una forma de neutralizarlas, de hacerlas menos amenazantes, más dóciles o más amables con el status quo de la moral sexual hegemónica.

 

Si bien esto sucedió en la historia sexual del psicoanálisis de Freud, lo fue también en la historia sexual de la Orgonterapia de Wilhelm Reich. Al día de hoy existen corrientes neoreichianas, especialmente la corrientes “independientes” norteamericanas de la psicoterapia corporal, que no solamente han desexualizado la psicoterapia, sino que también la han despolitizado, esto con el fin de ser menos amenazante y también mejor aceptada dentro del mercado de las psicoterapias.

 

Este ambiente ideológico de la moral sexual hegemónica supone un reto para la configuración de la sexoenergética reichiana, especialmente en lo referente a la centralidad teórica, clínica y política que supone el concepto de “sexo”. Esto es, la sexoenergética reichiana se propone sexualizar la teoría, la clínica y la política. ¿Pero que significa “sexualizar”? Un somero análisis de los discursos relativos a la subjetividad, el comportamiento, la cognición y la energía, nos puede resultar esclarecedor, especialmente cuando nos referimos al sexo y la sexualidad. Salvo que una teoría se asuma explícitamente “sexológica”, el concepto o tema relativo al sexo y la sexualidad se coloca al margen de la centralidad teórica, clínica o política. Esto es, sexo y sexualidad son temas secundarios, o solo son tratados si el contenido a tratar se encuentra directamente relacionado con esta dimensión del ser humano.

 

“Sexualizar” la teoría, la clínica y la política supone plantear la centralidad de los conceptos de sexo y sexualidad, no como una dimensión secundaria de la realidad humana, sino como la principal, fundamental y originaria dimensión de la realidad humana. Esto es, la realidad humana es sexuada, y no puede ser de otro modo. En este sentido cabe entender el concepto compuesto de “sexoenergética”, en el entendido de que cuando hablamos de energía biofísica hablamos de una energía sexual. Esto es, no existe una energía sexual como una cualidad distinta a la energía social, o la energía calorífica, o la energía hormonal. Por el contrario, el planteamiento de la sexoenergética consiste en afirmar que la energía biofísica del organismo humano viviente, material y sentiente es fundamental y originariamente sexual.

 

¿Y que significa sexo y sexualidad para la sexoenergética reichiana? He aquí el meollo de la cuestión, pues esta visión es fácil de ubicar dentro de aquello que se tendría que denominar peyorativamente como “pansexualismo”. Es menester reivindicar el pansexualismo, de hecho nuestro planteamiento sexoenergético es fundamentalmente pansexualista. Y esto requiere aclarar el término sexo y sexualidad.

 

Lo primero que tenemos que decir es que sexo y sexualidad no hacen referencia solamente al coito, a la interacción sexual con fines placenteros o reproductivos, o a la dimensión erótica del comportamiento. Cuando decimos que no solamente, suponemos que estas connotaciones están presentes, pero que no se reducen únicamente a este tipo de comportamiento o interacción. Sería una visión reduccionista del sexo y la sexualidad, aún más del erotismo. Así que descartando este reduccionismo es posible conceptualizar el sexo y la sexualidad como “energía sexual”. Esto es, sexo, sexualidad y energía sexual son sinónimos, aunque realizaremos su respectiva aclaración y matiz cuando sea necesario.

 

De esta forma podemos pasar a conceptualizar la energía sexual, la cual integrara los conceptos de sexo y sexualidad. La energía sexual es una fuerza biofísica que reside en el organismo biológico del ser humano, esta fuerza biofísica es una producción de nuestra especie humana que se ha forjado filogenéticamente a través de un proceso evolutivo donde ha interactuado el organismo viviente con su medio ambiente. Esta fuerza biofísica de origen filogenético tiene una orientación fundamental, y esta orientación es relativa al placer. Podemos decir que el placer es la orientación fundamental de la fuerza biofísica que reside y actúa en el organismo humano.

 

De aquí tenemos que la energía sexual es una fuerza orientada hacia el placer. La cuestión aquí es entender el concepto de placer. El placer no solo hace referencia a la evitación del dolor, sino a la búsqueda de un estado de excitación y descarga, así como de equilibrio y vitalidad pulsante en la totalidad del organismo. El placer es la tendencia hacia la vida. En esta ecuación equiparamos placer a vida.

 

¿Pero por que energía sexual, que es lo propio de lo sexual? Cuando planteamos que la energía sexual o sexoenergética es una fuerza dinámica que fluye en el organismo humano y que ésta tiene una orientación fundamental hacia el placer, también decimos que éste placer es sexual, esto es, tiende hacia la proximidad, el deseo, el contacto piel-a-piel, la unión afectiva, la vinculación, el apego y el arraigo. Podemos decir que esta proximidad vincular, material y energética, es el fundamento sexual de la energía. No se trata de una energía etérea, metafísica, volátil, diáfana o neutral. Hablamos de una energía material, biofísica, con una orientación fundamental hacia el placer a través de la proximidad corporal.

 

Sintetizando, podemos definir la sexoenergética como la fuerza biofísica que fluye en el organismo viviente que tiene una orientación fundamental hacia el placer a través de la proximidad y vinculación corporal. Ahora bien, la sexoenergética, ese flujo de fuerzas vitales que pulsan en el organismo viviente es una fuerza que afecta y que es afectada por otras fuerzas ecológicas y sociales. La energía sexual pasa por un proceso de producción histórico, cultural, ideológico, político y económico. La cualidad de esta gestión de la energía sexual se le denomina economía sexual. La visión que se plantea el análisis de la economía de la energía sexual, así como los modos particulares de producción ideológica, lo denominamos Sexopolítica.

 

La Sexopolítica da cuenta del acaecer histórico de la energía sexual, en este caso, el modo de producción de le economía sexual que se ha realizado en el marco del patriarcado, el capitalismo y la colonización. Sin embargo la Sexopolítica no puede quedarse solo en el análisis crítico, sino que debe de contar con herramientas para desconstruir empíricamente estas formas de dominación y sometimiento. La Sexoenergética sería ese dispositivo de intervención sobre el organismo y sobre los sistemas sociales más amplios. De aquí que diferenciemos el concepto de sexoenergética o energía sexual, del dispositivo de intervención que denominamos como Sexoenergética.

 

 

 

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