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Caracterología y bloqueos sexoenergéticos

February 13, 2014

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

 

Las ocho heridas biográficas

 

Descubrir las heridas biográficas producidas por los estilos vinculares bioenergéticos, es un trabajo arqueológico. Aquí vamos a adentrarnos en la arqueología psíquica, mientras que en el siguiente apartado nos adentraremos en la arqueología bioenergética del cuerpo y la técnica del mapeo corporal.

 

Proponemos identificar por lo menos ocho heridas (traumas o subtraumas vinculares) que se producen en nuestras relaciones energéticas con los otros significativos. Estas ocho heridas biográficas son:

 

 

  1. Rechazo.

  2. Abandono.

  3. Sobreprotección.

  4. Humillación.

  5. Traición.

  6. Represión.

  7. Injusticia.

  8. Frustración.

 

  1. La herida de rechazo se lleva a cabo cuando los padres rechazan consciente o inconscientemente al hijo o hija, ya sea desde el momento de la concepción, durante el embarazo, el nacimiento y durante el primer año de vida. El rechazo se puede manifestar como un rechazo consciente a través de intentos de aborto no logrados, rechazo por parte del padre hacia la madre por considerar que no es un hijo o hija legítima, por ser producto de una violación o abuso sexual incestuoso, porque se deseaba que fuera de un sexo y fue de otro, porque había una sistema ecológico agreste y violento durante el embarazo, por ejemplo, violencia masculina en el hogar, adicciones, pobreza, entre otras.

 

  1. La herida de abandono se realiza cuando el niño o niña pierde a alguno o a los dos padres, ya sea por muerte de enfermedad o accidente, ya sea por abandono físico, ya sea por abandono emocional. El abandono va desde la ausencia del padre durante el amamantamiento, hasta el descuido por parte de la madre, incluyendo olvidos y negligencias hacia el niño o niña: dejarlo llorar, no limpiarlo, no amamantarlo, no cargarlo, no mecerlo, no acariciarlo, no proporcionarle calor, entre otras cosas.

 

  1. La herida de sobreprotección se da cuando los padres han abandonado y sienten culpa, o cuando alguno de los padres trae cargando culpas añejas que trata de resarcir con su hijo o hija, sobreprotegiéndola. Resolviéndoles la vida, no dejando que se esfuercen, creyendo que si dejan de hacer esto sus hijos sufren. La sobreprotección asfixia, controla, y finalmente, limita el desarrollo del niño o niña, no dejándola crecer, explorar y madurar, generando inseguridades, miedos y dependencias. En suma, haciéndolos vulnerables, inútiles y dependientes.

 

  1. La herida de humillación se da cuando alguno de los padres o los dos, humillan en público o en privado a través de castigos corporales, groserías, etiquetas denigrantes, sobajamientos, malos tratos, abusos físicos y sexuales. Las humillaciones quiebran el naciente y vulnerable Yo, configurándose una autoestima e imagen de sí mismo degradada, la cual podrá ser asimilada en forma de identificación con el agresor, o vuelta de la agresión haca si misma a través de trastornos psicosomáticos, depresión o suicidio.

 

  1. La herida de traición se da cuando el niño o la niña se siente utilizado por alguno de sus padres o por los dos. Se le trata como objeto o como trofeo, utilizándolo para conseguir cosas, haciéndola sentir especial, entablándose un vínculo de seducción consciente o inconsciente entre el adulto y el menor.

 

  1. La herida de represión se da cuando el niño o la niña, en busca de su identidad y diferenciación, empieza a manifestar sus gustos y deseos, expresándose, buscando autonomía, y los padres inician una serie de medidas que castigan, restringen, sofocan, asfixian, controlan y amenazan este tipo de expresiones, limitando de forma extraordinaria la individualidad de la persona, forzándola a asumir los roles impuestos y a cumplir las expectativas de los padres proyectadas en un ideal.

 

  1. La herida de injusticia se da cuando el niño o la niña recibe por parte de sus padres o de otro adulto una serie de acusaciones y juicios con respecto a su comportamiento, gustos, acciones o moralidad sexual, sin tener la oportunidad de defenderse, de justificarse y dar una explicación que la exima. Frente a esta injusticia el niño o la niña siente impotencia, enojo, coraje y finalmente, resentimiento.

 

  1. La herida de frustración se da cuando los padres generan un ideal para sus hijos o hijas que estos no logran alcanzar, estándares que muchas veces no cumplen los propios padres, pues son proyecciones de sus propios fracasos, pero otras se trata de padres que colocan sus logros como ideales a ser alcanzados o superados. El niño o la niña siente insuficiencia, se frustra por no poder alcanzar esas expectativas o no dar el ancho.

 

Los vínculos que forman estas heridas bioenergéticas determinaran no solo el carácter, sino el tipo de máscara o personalidad que utilizará la persona para encubrir o compensar esos excesos o carencias energéticas. Hablamos de que cada persona puede tener una o más heridas, a veces todas ellas, sin embargo, siempre habrá una o dos heridas que sean dominantes, que hayan bloqueado y descompensado lo suficiente al organismo que en la edad adulta la persona desarrolle su personalidad alrededor de esa herida. Así podemos hablar de un carácter de rechazo, de abandono, de sobreprotección, etc.

 

Herida

Carácter

Vínculo

Rechazo

Huidizo

Temeroso-desorganizado

Abandono

Dependiente

Temeroso-desorganizado

Ansioso-ambivalente

Sobreprotección

Humillación

Dominante

Evitativo-despreciativo

Ansioso-ambivalente

Traición

Represión

Reprimido

Ansioso-ambivalente

Temeroso-desorganizado

Injusticia

Controlador

Ansioso-ambivalente

Evitativo-despreciativo

Frustración

 

Mapeo corporal de las heridas biográficas

 

En la clínica bioenergética reichiana es posible leer las heridas afectivas en el cuerpo. El cuerpo es como un mapa donde es posible observar los excesos y carencias, y aún más, este mapa corporal da cuenta de la etapa de desarrollo donde se llevo a cabo dicha herida. La postura, la voz, la forma de caminar, la forma del cuerpo, los bloqueos en los diferentes segmentos del cuerpo, entre otros aspectos, dan cuenta de las heridas y la forma como el cuerpo fue compensando, equilibrando y sobreponiéndose a dichas amenazas.

 

La estructura del carácter, esto es, las marcas energéticas en el cuerpo producidas por la exposición vincular de excesos y carencias, van erigiendo defensas contra esas heridas, formando los rasgos de carácter dependiendo de la etapa de desarrollo donde se origino dicha herida. Esas etapas de desarrollo donde se presentan las heridas se corresponden con los bloqueos en los siete segmentos del cuerpo emocional: ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico.

 

Otra forma de leer las heridas en el cuerpo consiste en determinar el tipo de economía sexual a partir de la tipología bioenergética que se expresa en la postura existencial del cuerpo. Tanto la lectura segmentaria como la lectura bioenergética son complementarias, pues cada una da cuenta de distintas configuraciones vinculares formadoras de heridas y que se expresan en rasgos musculares y de personalidad.

 

Describiremos los cinco tipos bioenergéticos desarrollados por Alexander Lowen a partir de la tipología de Wilhelm Reich, identificando la herida y su expresión bioenergética en el cuerpo emocional.

 

  • El carácter huidizo y la herida de rechazo. El huidizo experimenta el trauma o subtrauma del rechazo en su etapa perinatal, ya sea durante concepción, la vida intrauterina, el parto y los primeros meses de haber nacido. La sensación que tiene este tipo de carácter es el miedo, el cual se expresa en la creencia de que el mundo es inseguro. Lo que hizo para sobrevivir fue refugiarse en lo espiritual o lo intelectual. Presenta una personalidad disociada con falta de enraizamiento, que lo puede llevar a una falta de contacto con la realidad. El rechazo es un tipo de herida por carencia, la cual busca compensar a través de la inteligencia, la abstracción, la intuición y la espiritualidad. El aspecto pendiente a desarrollar consiste en individualizarse, aceptando su humanidad, enraizarse en la tierra e integrar su Yo.

 

  • El carácter dependiente y las heridas de abandono y sobreprotección. El carácter dependiente experimento el trauma del abandono y la sobreprotección, expresándose en la privación de contacto energético, interrumpiendo la capacidad de sustento. La sensación que experimentará es una especie de vacío interior, lo cual dará lugar a la creencia de que el mundo es un lugar donde no se recibe lo que se necesita. Lo que hizo para sobrevivir fue mostrarse débil, lo cual también dio lugar a la sobreprotección. Presenta un Yo débil y desestructurado, con falta de independencia y autosuficiencia, con marcados apegos y dependencias afectivas. Aprendió a compensar este abandono a través de la sociabilidad, la entrega al otro, la empatía y su sensibilidad. El aspecto pendiente a desarrollar es la autosuficiencia e independencia.

 

  • El carácter dominante y las heridas de humillación y traición. El carácter dominante experimento la herida de traición durante la etapa de confianza, por lo que se instauro una sensación de desconfianza hacia su medio, esto supuso la creencia de que no se puede confiar en nadie. De esta forma el dominante sobrevivió aprendiendo a dominar a los demás, asumiendo una conducta engrandecida, de superioridad y entablando luchas de poder. Frente a los excesos de su herida, busco compensar a través de la fuerza, la voluntad, así como de la honradez y la integridad. El aspecto pendiente a desarrollar es aprender a dejar fluir, aceptar, confiar, ser humilde y emplear bien la voluntad.

 

  • El carácter reprimido y la herida de represión. El carácter reprimido experimento la herida de represión durante la etapa de autonomía, generando una sensación de falta de libertad, fortaleciendo la creencia de que el mundo es una prisión donde no puedes ser libre. Aprendiendo a sobrevivir a través de aguantar hasta que los demás abandonen, se formo una personalidad anulada, con falta de autonomía y autoafirmación, volviéndose sumiso, reprimiéndose y buscando aprobación. Compensa a través de la resistencia, la paciencia, la perseverancia, la entrega, la fidelidad y la humildad. El aspecto pendiente a desarrollar consiste en ser libre, tener autoestima y autoafirmarse.

 

  • El carácter controlador y las heridas de injusticia y frustración. El carácter controlador experimento la herida de frustración en la etapa de entrega amorosa, configurándose la sensación de rechazo y miedo a ser imperfecto, lo cual arraigo la creencia de que si no se es perfecto el mundo no te quiere. Para sobrevivir aprendió a mostrarse perfecto, asumiendo una personalidad rígida, autoexigente y con incapacidad de entrega amorosa. Compensa con la capacidad de acción, practicidad e inteligencia. El aspecto pendiente a desarrollar es la conexión con su esencia, uniendo amor y sexo, y entregándose a los sentimientos más profundos.

 

Bioenergética de las emociones

 

Desde la bioenergética reichiana definimos a la emoción como el movimiento energético de un órgano corporal, ya sea como una respuesta frente a una situación que percibe y evalúa, o como el disparador de una conducta o acción del organismo subjetivado. Las emociones son la expresión corporal de la energía vital, por eso podemos afirmar que las emociones son la vida del cuerpo, y es así como podemos hablar del cuerpo emocional.

 

Las emociones son inconscientes, pues se trata de la energía que se expresa por el sistema nervioso vegetativo, que de manera involuntaria enerva o carga determinados órganos o partes del cuerpo. De esta forma se realiza una carga energética-libidinal que circula a través de una serie de circuitos o rutas, configurándose algo así como un complejo de circuitos bioenergéticos que atraviesan el organismo y que responden a una especie de mapa psíquico predeterminado. Las emociones no inauguran nuevas rutas, ni tampoco realizan improvisaciones, sino que las emociones se encuentran sobredeterminadas por la historia de rutas previamente trazadas a través de los vínculos bioenergéticos primordiales, recorriendo de forma reiterativa aquellos circuitos como un patrón prefijado de respuesta y reacción frente al ecosistema.

 

Estos patrones de rutas bioenergéticas serán las raíces de otras series, capas y estratos más complejos que se irán desarrollando conforme el organismo va madurando y se va subjetivando, esto es, mientras va configurándose una estructura psíquica. Estos patrones bioenergéticos serán el fundamento de la vida emocional del cuerpo y de la vida psíquica del organismo.

 

La diversidad de rutas bioenergéticas es una cualidad de los organismos complejos más evolucionados, pues supone un amplio abanico de respuestas que permiten la adaptación, la sobrevivencia, el desarrollo y la perpetuación de la especie. Sin embargo, pese a la diversidad y complejidad de comportamiento humano, podemos identificar las “rutas madre”, o si se quiere, la “matriz bioenergética” sobre las cuales se complejizaran y estratificaran las demás rutas.

 

Desde la perspectiva biofísica de la energía, el cuerpo es representado como un gran campo de fuerzas agónicas y antagónicas en constante flujo, conflicto y transformación. De tal forma que la visión energética del cuerpo es complementada con la visión dinámica de la energía. Las emociones son dinámicas, producciones de fuerzas movilizadas a nivel inconsciente-vegetativo por la memoria energética de las rutas prefijadas, las cuales entran en conflicto con las fuerzas psíquicas inconscientes que se han configurado durante el desarrollo y maduración libidinal del sujeto.

 

Las emociones son un campo a la vez dinámico y conflictivo del sujeto, y dicha dinámica es formada por las pautas energéticas vinculares que se realizan con los otros significativos. Es así como la direccionalidad, el impulso y la cantidad energética que inauguran las rutas emocionales, forman parte de un proceso continuo en la danza energética del animal humano con sus cuidadores primarios. Estas son las pautas vinculares que instauran la matriz bioenergética, y esto, a su vez, serán la base de toda la construcción psíquica del sujeto y de sus posteriores conflictos existenciales.

 

Esta visión bioenergética reichiana es fundamentalmente dialéctica, y esto también supone una cierta visión antropológica, pues la comprensión del sujeto es la de un organismo subjetivado a través de un proceso inconsciente-vegetativo de fuerzas dialécticas productoras de realidad somática y psíquica.

 

El sujeto del inconsciente es primordialmente, un sujeto del inconsciente neurovegetativo, y solo a partir de este es como se posibilita o no la producción de una estructura psíquica subjetivada por lo simbólico del lenguaje, ingreso traumático del cuerpo bioenergético al cuerpo social. El organismo bioenergético es atravesado por el lenguaje del Otro, abriendo la brecha y la falta que inaugura el campo bioenergético del psiquismo. La bioenergética posibilita el lenguaje, y este va entretejiendo la energía con el lenguaje, abriendo el campo de la consciencia, del Yo, de las defensas psíquicas, la vida consciente del sujeto.

 

La separación operada en el organismo por su entrada al circuito simbólico, supone la pérdida de la unidad, abriendo el campo de lo somático y de lo psíquico, los cuales tendrán su propia lógica, sus reglas y dinámicas, y guardarán mayor o menor transacción económica entre ellos, dependiendo del tipo de pautas configuradoras a partir de los vínculos.

 

Más que hablar de los tipos de emociones, desde el punto de vista bioenergético reichiano resulta más coherente hablar de la “dirección” de las emociones. Podemos hablar de cinco direcciones de la energía de órgano (e-moción) y cuatro estados energéticos:

 

 

  • La energía centrífuga activa (enojo)

  • La energía centrífuga pasiva (placer)

  • La energía centrípeta constrictiva (ansiedad)

  • La energía centrípeta expansiva (anhelo)

  • La energía centrípeta expansiva-constrictiva (tristeza)

 

Para comprender la direccionalidad de la energía emocional en el cuerpo ubicaremos un punto de referencia de donde parte la energía, a este punto lo llamaremos el centro o núcleo bioenergético. Este núcleo lo ubicamos en la zona del plexo solar, que se encuentra entre el ombligo y el corazón. Desde este punto es como describimos la direccionalidad de la energía.

 

Éxtasis y estasis

 

El éxtasis se contrapone al estasis. El éxtasis es una dinámica de fuerzas que sale, que se proyecta hacia fuera en una constante de expansión. El estasis, por el contrario, nos habla de un bloqueo, una fijación, un estancamiento que tiende al reposo y la inactividad. El éxtasis es la búsqueda de Otredad, de la exterioridad. El estasis es la Mismidad que se auto contiene.

 

Pero, ¿que es el éxtasis para la psicoterapia corporal bioenergética reichiana? Reich concibe dos estados energéticos en el cuerpo: la estasis energética corporal que se expresa en lo bloqueos de la coraza caracteromuscular, y el éxtasis energético corporal que se expresa en el desbloqueo, descarga y liberación de la energía orgásmica. En resumen, para Reich el estasis se encuentra asociado a los bloqueo de la coraza, mientras que el éxtasis se encuentra asociado al reflejo del orgasmo. La psicoterapia corporal reichiana busca precisamente el éxtasis, la liberación de la energía y la emancipación de las condiciones sociopolíticas que reprimen y esclavizan al cuerpo.

 

La psicoterapia reichiana es una psicoterapia del éxtasis, del orgasmo, de la liberación y de la emancipación. Diríamos que es una psicoterapia dionisiaca. Contrario a las psicoterapias apolíneas, centradas en el estasis, la represión, las formalidades, la palabra. La psicoterapia dionisiaca es una psicoterapia del cuerpo en éxtasis, en el frenesí de la danza extática, del movimiento consciente, del trance, el grito, el jadeo, los movimientos orgásmicos de la pelvis. Es una terapia hedonista, del gozo y el placer de los sentidos, del encuentro erótico piel-a-piel, el despertar de la energía kundalini, de Shiva. Embriaguez que lleva al iniciado a trascender su propia consciencia, a entrar en contacto con su inconsciente neurovegetativo, con la memoria celular de las improntas perinatales.

 

Una psicoterapia dionisiaca

 

El sendero del éxtasis es la vía dionisiaca-intuitiva de la psicoterapia corporal reichiana. Nada más anhelado que la liberación orgásmica de la energía, revolución que permite la transformación, alquimia que transmuta la energía estasiada en energía revolucionaria extasiada al servicio de la creatividad, el juego, el placer y el gozo del ser. El éxtasis es danza, un juego cósmico y energético de expansión y contracción que pulsa incesantemente hacia fuera, hacia la trascendencia del caos y el orden, acoplamiento infinito que crea nuevos senderos. Experiencia nómade que lleva a los diferentes estadios de transmutación místicos y chamánicos.

 

El éxtasis es pues una experiencia de liberación energética. ¿Y cómo se logra esta liberación energética? En la psicoterapia corporal reichiana planteamos que esta liberación se puede propiciar a través de ciertos procedimientos. Para que el éxtasis reichiano u orgásmico pueda realizarse se necesita la siguiente ecuación: desbloqueo + descarga + liberación + integración. Son cuatro elementos, cuatro experiencias corporales que se ponen en funcionamiento en la emancipación energética del cuerpo emocional.

 

El desbloqueo biosistémico y segmentario

 

El desbloqueo que se lleva a cabo en la psicoterapia dionisiaca del éxtasis es muy distinto de otros desbloqueo bioenergéticos. Podemos identificar dos tipos de desbloqueos, el sistémico y el segmentario. El desbloqueo sistémico consiste en desbloquear los tres sistemas bioenergéticos fundamentales: la respiración, el movimiento y la sensopercepción. Normalmente estos bloqueos biosistémicos son realizados como parte de nuestra educación represiva, despreciativa de la vida orgánica, corporal, sensual. Se imponen los grilletes del dogma, del orden estático de la obediencia, la disciplina, la sumisión. Con esto el organismo altera su respiración, cortándola, reduciéndola, asfixiándola, dando origen a una respiración neurótica, o psicótica, o límite. La alteración de la respiración, bomba energética por excelencia, también alterará el movimiento, haciéndolo acartonado, rígido, infralimitado o extralimitado, agresivo o pasivo, colapsándolo o hinchándolo. A su ves, el movimiento alterará la sensopercepción, generando hipersensibilidad ansiosa-ambivalente, o evasión racional, en todo caso supone una disociación del propio cuerpo y de sus funciones vitales de gozo y placer.

 

El segundo tipo de desbloqueo, el segmentario, consiste en llevar a cabo una serie de procedimientos que tienden a identificar y liberar la energía estasiada en los siete segmentos corporales, a saber: ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico. El bloqueo de cada segmento se encuentra relacionado con las etapas de desarrollo y de maduración libidinal del cuerpo. Cada bloqueo en un segmento representa un bloqueo en esa etapa de desarrollo. El desbloqueo segmentario es pues el desbloqueo de la memoria corporal relacionada con el trauma o herida que se imprimió en esa etapa de desarrollo, generando una carencia o un exceso que necesita ser compensado o tramitado. Liberar la memoria corporal de esos bloqueos, así como abrir un circuito libre de circulación energética en el cuerpo-mente, forma parte de la psicoterapia extática en un primer momento.

 

El derrame de la energía orgásmica

 

La descarga sigue al desbloqueo. Al igual que un contenedor bloqueado, el desbloqueo supone una descarga o derrame de lo contenido, dejando que fluya, y aquí entramos al campo propiamente del éxtasis. El desbloqueo prepara el éxtasis, pero la descarga ya es éxtasis. La descarga que se experimenta es la del reflejo del orgasmo. Aunque hablamos de una descargo bioenergética, es más propio hablar de una descarga de éxtasis orgásmico. Llegar al punto del orgasmo extático será uno de los principales objetivos de la psicoterapia dionisiaca, sin lo cual no existe auténtica emancipación.

 

La descarga consiste en realizar una serie de posturas que activan el reflejo orgásmico de la vibración a través del flujo peristáltico de expansión-contracción. Esta vibración orgásmica se experimenta como una ola de energía que recorre y atraviesa todo el cuerpo, generando relajación y placer, experiencia vital del cuerpo viviente y sentiente. Esta vibración es sincronizada con una serie de movimientos que llegan a la danza extática a través de la música. Inducción de un frenesí dancístico que libera la energía como un flujo constante de agua que se derrama en el interior del cuerpo-mente.

 

La descarga vibratoria orgásmica de la danza da lugar a la liberación emocional, momento donde se danzan las emociones bloqueadas, los recuerdos dolorosos, espacio donde se pueden combatir y expulsar lúdicamente los fantasmas y demonios. Es el desarrollo de una inteligencia intuitiva del cuerpo, una inteligencia sentiente que permite expresar y exorcizar las emociones estasiadas del cuerpo. Danza de liberación emocional que permite contactar con el enojo, la rabia, la tristeza, la ansiedad, el miedo, y que lo transforma en energía vital, placentera y gozosa. Danza de exorcismo emocional, frenesí, trance, éxtasis, locura, embriaguez energética: danza de liberación.

 

La meditación bioenergética

 

Después del caos paroxístico de la danza extática sobreviene la calma, el momento de reposo, de integración del cuerpo-mente. Etapa de silencio, tranquilidad, recapitulación, verbalización, creación artística, discernimiento, insigths, asociaciones, agradecimiento. No hay actividad más clara para hablar de la integración que la meditación. La danza del éxtasis dionisiaco da lugar a la meditación en inmovilidad y silencio. La meditación permite escuchar al cuerpo, sentir de otro modo esa energía que aún sigue fluyendo. Se trata de una meditación extática, energética, solo que este flujo es más sutil, suave y silencioso.

 

Todo este proceso supone una preparación, un entrenamiento que se permite inducir cada etapa y vivirla de forma consciente. Al final de la pedagogía del éxtasis las personas son capaces de alcanzar sin reservas el tan ansiado éxtasis orgásmico, más aún cuando dicho éxtasis se realiza en grupo, pues es en ese encuentro, en ese círculo bioenergético donde se abre espiritualmente el cuerpo hacia la trascendencia de la consciencia, derribando fronteras. La grupalidad del éxtasis es un orgiasmo; orgasmo colectivo de gozo, danza, música y meditación.

 

No es posible hacer una revolución si no se baila la revolución, pues la revolución inicia en lo íntimo de nuestro ser corpóreo y energético. La revolución social, supone una revolución de la conciencia, y esta una revolución del amor, y esta a su vez una revolución energética que parta del cuerpo sentiente y material. La danza es la revolución del cuerpo que da luz a la vida.

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