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Cuando Freud bailó con Reich

February 13, 2015

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

AlterSoma

 

La clínica reichiana se caracteriza por un “descubrimiento”, si es que podemos denominar así al inicio de su “análisis del carácter”. El descubrimiento es sobre todo un desplazamiento, sino es que una precisión dentro de la misma clínica freudiana. Reich, cual Sherlock Holmes de la técnica psicoanalítica, pondrá atención a los detalles que se escapan a la escucha del analista, detalle que reposara en las actitudes corporales, en los gestos, los tonos de voz, aspectos no solo apuntados por Reich, sino inscritos dentro de la “escucha analítica”. El descubrimiento no lo es tanto del cuerpo en el dispositivo analítico, lo es sobre todo de lo estructural del carácter que da cuenta el cuerpo en tanto puesta en escena del fantasma inconsciente. Podemos decir que el cuerpo es el sujeto que se inscribe en una estructura, en este caso, una estructura del carácter, esto es, de marcas, pausas, huellas, improntas; matriz mnémica somatopsíquica. Por eso Reich se aleja de los sintomático, esto es, no toma en cuenta los datos corporales como elementos aislados, como significantes independientes, como síntomas singulares. Reich escucha la estructura que subyace a la organización fanstasmática de la corporalidad, a los rasgos caracteriales, a la red de componentes del sujeto en su complejidad dialéctica y dinámica.

 

Reich, podríamos decir ahora, es un estructuralista clínico, un analista heterodoxo que logra descifrar el inconsciente en las inscripciones fantasmales de la corporalidad, en particular, en las defensas caracteromusculares y sus disposiciones fisiológicas y anatómicas. Pues es común querer ver en Reich un profeta de lo psicosomático y de la bioenergética, cuando aún no se le ha reconocido suficientemente el “descubrimiento” de su análisis del carácter, especie de psicoanálisis materialista, o si se quiere, de su propio psicoanálisis. Creo que esto es fundamental para profundizar en la clínica reichiana, clínica hasta ahora inexistente dentro de los movimientos neoreichianos, quienes en un afán “liberador” y “heterodoxo”, se deslindan de lo clínico para ubicarse en lo terapéutico, disociando un aspecto fundamental de las raíces psicoanalíticas de las actuales psicoterapias corporales.

 

La propuesta que hemos venido trabajando en torno a las Cartografías Caracteroanalíticas o Cartografías del Carácter, quieren ser eso, no solo un retorno a Reich, sino un retorno a la clínica reichiana, a esa escucha analítica y metapsicológica sobre las estructuras caracteriales en sus inscripciones psíquicas y somáticas. La cartografía es un mapa mental, una brújula clínica que permite inscribir al sujeto en las coordenadas estructurales de lo neurótico y lo no neurótico, o para decirlo mal y rápido, en lo limítrofe, lo psicótico y lo perverso. Esto nos lleva a dislocarnos de las corrientes psicocorporales con graves alergias clínicas y psicoanalíticas, sin mencionar la ignorancia de lo político y lo psicosocial.

 

La clínica reichiana no ha contado con buena salud, ha sido relegado por los mismos reichianos, reduciéndola a descripciones del carácter. La falta de profundidad ha permitido mantener estas descripciones en una superficie cómoda, pues en cuanto nos internamos en lo caracteroanalítico es fácil hundirse en las arenas movedizas de la metapsicología freudiana. A veces esto resulta muy amenazador, y es fácil descartarlo como una defensa “intelectualista” o “racionalista”, artilugio de poca monta de la que son blancos aquellos quienes buscan “integrar” la clínica a la psicoterapia corporal. A esto le sobreviene el imperio de la “intuición”, un lugar más seguro para el terapeuta, pero lleno de peligros para el clínico. Es este divorcio entre lo clínico y lo terapéutico lo que ha mermado a las llamadas “psicoterapias corporales”, pues pareciera que dicho nombre excluye la clínica psicocorporal, y de tajo a la psicopatología, le metapsicología, el diagnóstico y el pensamiento clínico.

 

Las Cartografías Caracteroanalíticas pretende recuperar lo clínico, lo estructural del carácter, lo propiamente analítico, esto es, los cuadrantes metapsicológicos donde es necesario inscribir nuestra escucha y nuestra mirada. Actualidad que supondrá “regresar” a Freud. Regresar a Reich, pareciera contradictorio, es regresar a Freud, a su metapsicología: al narcisismo, la pulsión, el aparato psíquico, el fantasma, el Edipo. Pues no hay clínica reichiana sin clínica freudiana, y eso se nos ha pasado por alto, so pena de mutilar la clínica y reducirla a una mera técnica de relajación.

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