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El cuerpo subversivo

May 15, 2015

 

Por Miguel Angel Pichardo Reyes*

AlterSoma

 

El cuerpo ha sido la dimensión olvidada e invisibilizada de la psicología y de las psicoterapias modernas. La asunción de un sujeto trascendental más allá del cuerpo circunscrito histórica y materialmente, ha llevado a plantear un sujeto cognoscente que puede prescindir de la materialidad sintiente del cuerpo. Este aparente olvido supuso el desarrollo de teorías y técnicas que “despreciaban” el cuerpo en tanto fuente de conocimiento. Desde esta perspectiva el cuerpo no se encuentra implicado en el proceso de conocimiento, salvo que sea para engañar: los sentidos nos engañan, esto es, el cuerpo epistemológicamente malvado nos engaña con respecto a la realidad y nuestra verdadera naturaleza.

 

La concepción de que los sentidos nos engañan ha llevado a la creencia infundada de que el sujeto cognoscente tiene que desprenderse de su corporalidad, desencarnarse de su materialidad para poder acceder a la verdad de su esencia, la cual, por supuesto, es espiritual, inmaterial, solo discernible a través de la razón y de la convicción teológica. El cuerpo resulta despreciable para esta epistemología, y aún más, el cuerpo es fuente de error, puesto que nos sumerge en el campo de las engañosas ilusiones materiales de la apariencia. Sólo una intelección espiritual, desencarnada, puede ver esa realidad oculta detrás de la materia y del cuerpo.

 

La primacía de la palabra en la psicoterapia se da a condición de negar el cuerpo, de someterlo y disciplinarlo. De esta forma la psicoterapia opone la razón al instinto, lo verbal a lo emocional, lo volitivo a la vegetativo, lo psíquico a lo somático, lo apolíneo a lo dionisiaco, lo espiritual a lo material, en fin, lo masculino a lo femenino. Estas dualidades se relacionan en condiciones de desigualdad, no solo epistémicas, sino morales y políticas. Sin embargo, ¿realmente se encuentra excluido el cuerpo de las psicoterapias? Por supuesto que no, de hecho las psicoterapias se refieren de forma indirecta al cuerpo a través de varios conceptos: inconsciente, pulsiones, conducta, sistemas, retroalimentación, sujeto, aprendizaje, etc. Conceptos que hacen referencia a procesos somáticos, neuronales, vegetativos y motores. Sin embargo el cuerpo es “neutralizado” a través de estos mismos conceptos. Es así como al cuerpo se le niega su capacidad de inteligencia sensitiva en tanto fuente de conocimiento.

 

La invisibilización del cuerpo trae consigo una carga política que normalmente pasa desapercibida por parte de los psicólogos-psicoterapeutas. En esta carga política tiene un peso preponderante la estructura patriarcal a través de su metafísica falogocéntrica. La psicología-psicoterapia es un instrumento disciplinador y normalizador de las asignaciones heteronormativas, naturalizador de la opresión de género. En este sentido la psicología-psicoterapia es intrínsecamente patriarcal-metafísica-falogocéntrica. Una psicoterapia corporal no puede ser ajena a este análisis, sin antes mantener una postura crítica, ética y política con respecto a las ciencias humanas como operadores ideológicos de las sociedades disciplinadas.

 

La psicología-psicoterapia en tanto patriarcal-metafísica-falogocéntrica, no solo tiene una función pasiva, en tanto receptora de esta estructura, sino una función activa dentro de la hegemonía ideológica. La psicología-psicoterapia es operadora de los procesos disciplinarios que designan lo normal y lo patológico. La psicología-psicoterapia cumple un mandato ideológico patriarcal, utilizando terapéuticas para generar una normalización estadística que no supone otra cosa sino el sometimiento pasivo al orden social hegemónico.

 

Es así como la psicología-psicoterapia forma parte de las disciplinas que operan el modo de producción simbólica de los sujetos heterodesignados, débiles y sumisos. Su función consiste en reproducir el diseño metafísico del sujeto paradigmático que necesita el orden social hegemónico, ese Otro que opera la constitución del sujeto. Desde esta perspectiva a la psicoterapia corporal no le queda más que tres posibilidades: 1) mantenerse ignorante con respecto al lugar político de la psicología-psicoterapia, 2) resignarse a la impotencia que produce la imposibilidad real de hacer algo que cambie esta situación, o 3) establecerse como un saber subversivo y en resistencia crítica en contra de la estructura patriarcal-metafísica-falogocéntrica.

 

Considero que muchas psicoterapias corporales funcionales y acríticas se encuentran en el primer punto, y también existen muchas personas de buena voluntad en un estado de impotencia, como en la segunda opción, pero son pocas las personas, los y las psicoterapeutas corporales que intentan colocarse en la tercera posición. Esta es una invitación para hacerlo.

 

* Psicólogo Social y Psicoterapeuta Corporal. Este escrito forma parte de un proyecto de investigación sobre la teoría política del sujeto desde Wilhelm Reich, Michael Foucault y Jacques Lacan.

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