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Nuestra naturaleza sexual: la construcción de un nuevo paradigma

June 10, 2015

 

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

AlterSoma

 

La vida es sexual: reproducción, vinculación, placer

 

La vida, la vida toda, desde los micro-organismos y las células, hasta los organismos pluricelulares más complejos. La vida se abre paso a través de tres funciones sexuales fundamentales: la reproducción, la vinculación y la orientación hacia el placer. Desde la célula hasta el ser humano, estas tres funciones han acompañado nuestra evolución natural. Y aunque no toda la naturaleza es sexuada, la constatación de estas tres funciones nos permite decir que la naturaleza de la vida es intrínsecamente sexual.

 

En el caso de los seres humanos, la vida del organismo humano es sexual, pues se presentan estas tres funciones sexuales. Nos reproducimos a través del contacto genital, tendemos al gregarismo a través de la vinculación sexual, erótica y afectiva, y nos orientamos hacia el placer a través de la satisfacción de nuestras necesidades.

 

Somos organismos sintientes: pluricelulares y vertebrados

 

Somos organismos sintientes, en tanto pluricelulares y vertebrados, contamos con una red de sensores en nuestras tres capas dérmicas: ecto, meso y endodermo. Cada capa se encuentra estructurada por una red de sensores que envían información al hipotálamo para ser procesada y analizada. Esta cualidad sintiente es fundamental, puesto que es en ella desde donde podemos reproducirnos de la forma como lo hace un mamífero, y es también como nos vinculamos, a través del contacto, el abrazo, el movimiento, el arrullo, etc. Y es también desde esa cualidad sintiente como podemos diferenciar entre un estímulo doloroso de uno placentero. De esta forma, nuestros sistemas de sensopercepción nos permiten producir y reproducir la vida a través del contacto, el movimiento y el placer. Nuestro cuerpo es sensopercetivamente sexual.

 

Somos mamíferos placentarios: relación sexual, nacimiento y lactancia

 

Los seres humanos somos mamíferos placentarios, esto es, nuestra gestación se da al interior de una placenta, al igual que otros mamíferos. Tres momentos en nuestra vida nos ayudan a recordarnos nuestra naturaleza mamífera: la relación sexual, el nacimiento y la lactancia. Los seres humanos establecemos relaciones sexuales como los mamíferos, involucrando los órganos genitales, aunque nuestra naturaleza sexual es mucho mas plástica y por lo tanto más variada.

 

El nacimiento y la lactancia nos vuelven a recordar nuestra pertenencia animal como mamíferos. La gestación, el desarrollo embrionario, la vida intrauterina, finalmente el nacimiento, el cordón umbilical, la placenta, y posteriormente, la lactancia. Tanto la relación sexual, el nacimiento como la lactancia, son sexuales, cumplen con las tres funciones sexuales de la vida: reproducción, vinculación y placer.

 

 

Somos primates: género homo y especie sapiens

 

Si bien somos mamíferos placentarios, de forma específica nuestra clasificación sería la siguiente:

 

 

Reino: Animalia

Filum: Cordados

Subfilum: Vertebrados

Clase: Mamíferos

Orden: Primates (mamíferos placentarios)

Familia: Homínidos

Género: Homo

Especia: Homo sapiens

 

Hace 6 millones de años tuvimos la última abuela común los humanos y los chimpancés, a partir de ese momento inicia la evolución del género Homo, culminando hace 2,5 millones de años en África, con la fabricación de los primeros utensilios líticos. Desde hace 2 millones de años los humanos se extienden desde África a Eurasia y evolucionan diferentes especies humanas. Hace 500.000 años los neandertales aparecen por evolución en Europa y Oriente Próximo. Hace 300.000 años utilizábamos cotidianamente el fuego. Y hace solo 200.000 años aparece el Homo sapiens por evolución en África oriental. Y solo apenas hace 70.000 años se realiza la revolución cognitiva con la aparición del lenguaje, la cultura y el inicio de la historia. El Homo sapiens se extiende fuera de África. Hace 45.000 años los sapiens colonizan Australia y se extingue la megafauna australiana. Hace 16.000 años los sapiens colonizan América y se extingue la megafauna americana. Y finalmente, hace 12.000 años se lleva acabo la llamada revolución agrícola con la domesticación de las plantas, los animales y el asentamiento permanente de poblaciones.

 

Desde hace 2 millones de años hasta hace 10.000 años, coexistieron varias especies humanas junto con el Homo sapiens:

 

  • Homo florisiensis

  • Homo rudolfensis

  • Homo erectus

  • Homo neanderthalensis

  • Homo ergaster

 

Entonces tenemos dos secretos importantes que dar a conocer:

 

  • Pertenecemos a la familia de los Homínidos o grandes simios, donde nuestros primos más cercanos son los gorilas, los orangutanes y los chimpancés. Hace sólo 6 millones de años una hembra simio tuvo dos hijas, una se convirtió en el ancestro de todos los chimpancés y la otra en nuestra propia abuela.

  • No hemos sido los únicos humanos, durante casi 2 millones de años convivimos varias especies de humanos con los cuales coexistimos, muriendo hace apenas 10.000 años el último humano diferente al sapiens.

 

Nuestros sistema sexual es natural

 

Nuestro sistema sexual es evolutivo y forma parte de los procesos naturales de lo viviente. Sin embargo, nuestra naturaleza sexual es mamífera, homínida y sapiens. Nuestra naturaleza sapiens difiere cualitativamente de la naturaleza de los demás mamíferos. Podríamos describirla como una naturaleza sumamente plástica, con instintos naturales biosimbólicos. Es así que podemos decir que el funcionamiento cortical propio de nuestra especie se caracteriza por contar con un órgano biosocial como lo es el cerebro. El cerebro humano es un sistema abierto tanto al ecosistema como a los múltiples sistemas del organismo humano. La maduración neuronal va a depender del ecosistema, y a su vez el ecosistema será modificado por la maduración neuronal.

 

De esta forma la reproducción, la vinculación y la orientación hacia el placer, en tanto instintos sexuales vitales, se verán afectados por el ecosistema. Dicha afectación favorecerá la multiplicidad de formas de estos instintos plásticos biosimbólicos, adquiriendo formas neurobiológicas de acuerdo a la pluralidad de sentidos y prácticas del lenguaje y el significante.

 

Sabemos que estos instintos sexuales humanos, dentro de su plasticidad biosimbólica y neurobiológica, tienen como base las estructuras evolutivas de la reproducción, la vinculación y la orientación al placer. La vida sexual, pero la vida humana misma puede verse seriamente alterada, transgredida, mutilada, negada, reducida, despreciada y mutada, por las producciones biopolíticas que normativizan la reproducción, el vínculo y la orientación hacia el placer. La civilización es ese paradigma que configurará las estructuras básicas evolutivas de la naturaleza sexual humana.

 

Desde esta perspectiva de nuestra naturaleza sexual humana es posible entender el lenguaje, el discurso, la cultura, la política, como producciones simbólicas de la biología, y aún así hablaríamos de naturaleza, aún de naturaleza biológica, sintiente, evolutiva, material.

 

Me parece que podemos hablar de dos acepciones de naturaleza. La primera es cuando nos referimos a La Naturaleza, esto es, los diferentes reinos (animal, vegetal, etc.), y segundo, cuando realizamos la pregunta filosófica sobre nuestra naturaleza, esto es, las cualidades propias de las cosas o los seres. Respondiendo a la primera acepción, podemos afirmar que el ser humano, la sociedad humana, nuestra especie “es naturaleza”, y no podrá dejar de serlo.

 

La segunda acepción es la que he tratado de delimitar hasta ahora, y sobre ella podemos decir que nuestra naturaleza es la de un animal mamífero, homínido, sapiens, simbólico, sexual, social y político. Nuestra “naturaleza” es una naturaleza plástica que difiere de la naturaleza de los otros mamíferos, pero aún así, ¿acaso no existen diferencias entre las naturalezas de los propios mamíferos, y de estos con los reptiles? ¿por qué suponer que nuestra diferencia en cuanto a la naturaleza de otros animales nos hace superiores o nos excluye de la animalidad? ¿no es acaso nuestra animalidad una variación evolutiva de la Naturaleza?

 

 

Nuestra naturaleza animal es sexual

 

La sexualidad no es una dimensión más de nuestra humanidad, como podría ser lo afectivo, lo mental, y lo social. Más bien, la forma en que entendemos la sexualidad nos lleva a plantearla como la principal cualidad de lo viviente, y por lo tanto, en el ser humano. Para entender esto será necesario entender la sexualidad como un sistema, en este caso, el sistema sexual. De esta forma el sistema sexual forma parte del cerebro humano en tanto órgano social. El sistema sexual es un sistema neurobiológico y ecológico, por eso podemos hablar del sistema socioneurobiológico sexual. Este sistema socioenerubiológico ha sido descrito por las neurociencias y es reconocido con el Sistema Neurobiológico de Apego.

 

El Sistema Socioeneurobiológico de Apego es un programa seleccionado evolutivamente para la sobrevivencia del neonato, y de su desarrollo y maduración, o de su bloqueo e inmaduración, dependerá la capacidad de adaptación y funcionalidad orgánica en la edad adulta. El Sistema Socioneurobiológico de Apego es una especie de modulador de las funciones adaptativas del organismo: alimento, reproducción y defensa. Es en la reproducción donde encontraremos lo propiamente sexual de nuestra especie: reproducción, vinculación y orientación al placer.

 

Una persona enferma se encuentra bloqueada es sus procesos socioneurobiológicos del sistema de apego sexual, por lo tanto existirán dificultades para la reproducción sexual, la búsqueda de alimento, las bajas defensas inmunológicas, la falta o pobreza vincular y una desorientación con respecto a la búsqueda del placer.

 

El concepto de sistema o en particular, el de biosistema, nos permite entender al biosistema sexual del apego como un circuito de retroalimentación que se va ajustando de acuerdo al procesamiento de información. Sin embargo, sabemos que esta información no consiste solo en la codificación de señales y su transcripción en otros lenguajes biológicos y simbólicos, sino que también se trata de información con carga energética: hormonal, eléctrica, calorífica, etc. De esta forma tenemos un biosistema de procesamiento y decodificación de información y energía. Cada señal cuenta con una carga energética, ya sea neural u hormonal, dicha carga configura estados emocionales dinámicos a través del sistema neuroendócrino. A esto bien podemos denominar como la energía sexual, energía biofísica del biosistema sexual de apego.

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