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Los 5 derechos bioenergéticos en la manada humana

July 16, 2015

 

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

AlterSoma

 

La manada es el hábitat de la cría humana, espacio bioenergético donde continuará desarrollándose y terminara de madurar. El proceso de maduración se encuentra codificado en nuestros genes, y éste es facilitado o inhibido por el ambiente (hábitat de la manada humana), así como por el aprendizaje psiconeural. La manada humana puede facilitar procesos de aprendizaje psiconeural que potencialice el proceso de dendritificación, y con esto facilite el funcionamiento adaptativo del organismo al medio ambiente.

 

Uno de los principales procesos psicocorporales que se facilita consiste en rehabilitar las funciones de la manada humana. Estas funciones se expresan en cinco derechos bioenergéticos básicos:

 

1. Derecho a la existencia. La cría humana necesita sentirse aceptada y bienvenida a la vida. El derecho a la existencia se reconoce desde la etapa intrauterina a través del cuidado, el contacto y la estimulación que le proporcionan sus cuidadores. El derecho a la existencia se experimenta como una fuerza energética suave que afirma la vida y la existencia corporal. Esta fuerza energética suave se manifiesta en sus cuidadores a través del deseo, así como de la conexión energética entre sus cuidadores.

 

2. Derecho al sustento. Después del nacimiento adviene una etapa crítica; la del sustento. La manada humana a través de la madre, generará el sustento biológico-material para que la cría se desarrolle. La manada cumple la función de brindar seguridad a la madre, lo cual posibilita que ella brinde el sustento adecuado a través del arrullo, el movimiento, el amamantamiento, así como de la estimulación visual y auditiva. El derecho al sustento es el derecho al cuidado materno y la protección de la manda, combinación del nicho y del hábitat.

 

3. Derecho a la confianza. La manada humana a través de la madre-cuidadora se ve en la necesidad de brindarle confianza a la cría. Esta confianza se expresa en la posibilidad de explorar el hábitat, en ser acompañado para interactuar con el mundo, en sentir la seguridad de caminar y avanzar hacia lo que se desea. La confianza se forma en el propio deseo, en la posibilidad de orientarse con respecto a los otros de la mandada. El derecho a la confianza se expresa en el cuerpo a través de una sensación de sostén y de presencia.

 

4. Derecho a la afirmación. En un momento del desarrollo de la cría, esta se ve en la necesidad de diferenciarse, de construir su propia identidad, de plantear a través del lenguaje su propio deseo. La cría se ve en la necesidad de que la manada a través de sus cuidadores y de sus iguales, sea aceptado, validado y afirmado en esa naciente identidad. Tanto el deseo como la identidad son afirmados a través de su energía, así como de la excitación qué esta genera en su cavidad pélvica. La manada tendrá la labor de brindar esa afirmación a través del reconocimiento de su individualidad y diferencia, pero también a través de la identidad y la pertenencia a un grupo más grande.

 

 

5. Derecho a la intimidad. La intimidad es el culmen de los derechos bioenergéticos. Aunque la intimidad se inicia desde la etapa intrauterina, será a partir de los 5 o 6 años de edad cuando ésta llegue a su maduración. El derecho a la intimidad no solo se expresa con la necesidad de poseer algo propio, sino de poder entablar un vínculo de amistad donde el niño o la niña puedan invertir su energía sexual. Es la posibilidad de amar y ser amado, no sólo por la manada sino por otros miembros externos a la manada. Es el momento de la segunda socialización, del encuentro cara-a-cara con la otredad. Se puede salir de la manada y entrar a través de un otro en su propio cuerpo. Es el otro amoroso en mi mismo.

 

 

 

 

 

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