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El lenguaje del cuerpo y el lenguaje de la vida

February 9, 2016

 

Por Miguel Angel Pichardo Reyes

AlterSoma

 

Los psicoterapeutas corporales nos hemos interesado por el lenguaje del cuerpo. De hecho, si pudiéramos elegir la obsesión temática de la psicoterapia corporal, habría que decir que es una auténtica pasión por desentrañar el lenguaje del cuerpo, por no decir los secretos que el cuerpo guarda. Esta pasión ha dado origen a un sinnúmero de interpretaciones sobre el tipo de lenguaje que utiliza el cuerpo. Ya Wilhelm Reich y posteriormente Alexander Lowen, dos grandes maestros de la psicoterapia corporal, realizaron sus respectivas aportaciones para desentrañar dicho lenguaje haciendo uso de la teoría psicoanalítica en uso. Quizás sea necesario poner al tanto estas indagaciones biogramaticales a luz de la biología y de las neurociencias.

 

Lo primero que hay que decir es que el lenguaje del cuerpo es el mismo lenguaje de la vida, en el entendido de que estamos tratando con un cuerpo vivo. El lenguaje de la vida es un lenguaje muy sencillo, y a la vez muy complejo. Podríamos decir que el lenguaje de la vida es un lenguaje binario: expansión y contracción. Para esto será necesario imaginar a los cuerpos vivientes, y en particular al cuerpo humano como una especie de célula. Un organismo formado por una membrana externa que separa el medio externo del medio interno. Después un núcleo al centro, o el corazón, y finalmente un espacio interno entre el núcleo y la membrana. De esta forma hablamos de tres capas, las mismas que se formarán al inicio de nuestro desarrollo embrionario: la capa externa o ectodermo, la capa media o mesodermo y la capa interna o endodermo.

 

Esta célula y sus tres capas se encuentran en un movimiento continuo de expansión y contracción. La expansión se presenta como un movimiento interno que se origina en el núcleo generando una fuerza que presiona la capa media llevándola hacia la membrana, la cual a su vez generará un movimiento hacia fuera.

 

La contracción es un estado de relajación donde la membrana externa cede a la presión de las fuerzas externas, generando un movimiento de afuera hacia el núcleo mediado por la capa media. En esta presión externa hay una cooperación de las capas para llevar a cabo este movimiento centrípeto, y a su vez hay una fuerza de resistencia que permite que el organismo no se colapse, ante lo cual se reinicia la fuerza que va del núcleo hacia la membrana.

 

Este proceso de expansión y contracción continua le llamamos pulsación. Nuestro cuerpo humano, así como todo lo viviente es un sistema autopoiético, autoorganizado de expansión-contracción. Diría Wilhelm Reich, somos una bomba pulsante, una vejiga que funciona a través de la generación de un equilibrio hidráulico entre las fuerzas expansivas y las fuerzas externas contractivas.

 

¿Y esto que tiene de lenguaje? Es sencillo, el lenguaje de la vida, que es el lenguaje del cuerpo, realmente es el lenguaje del movimiento, o más aún, el movimiento es el lenguaje de la vida. Sin movimiento no habría vida, los organismos vivientes tuvieron que desarrollar este proceso pulsatorio para poder desplazarse y poder sobrevivir frente a una amenaza, y sin embargo este mismo movimiento ha posibilitado la búsqueda de alimento, de apareamiento y de organización social. El movimiento de expansión y contracción contiene el lenguaje secreto de la vida: la fuerza expansiva hacia el placer y la fuerza contractiva que evita el dolor. Placer y dolor son los dos lenguajes básicos de la vida, y lo son de nuestro cuerpo viviente.

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