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El cuerpo en duelo

June 25, 2016

 

 

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

Director de AlterSoma

 

El proceso biológico del duelo

 

El duelo es el proceso a través del cual nuestro organismo se repliega para metabolizar y reorganizar bioenergéticamente una experiencia de pérdida. El duelo variará de acuerdo a la cultura, las tradiciones, el lenguaje y las costumbres, sin embargo sabemos que el duelo es un proceso universal que se encuentra no solo en los seres humanos, sino en cualquier ser vivo. El proceso de duelo, el proceso de recuperarse de una pérdida, es fundamentalmente biológico. Todo organismo expuesto a una amenaza por pérdida pasa por una etapa de retraimiento que consiste en llevar a cabo un reposo y ahorro de energía, después del cual, el organismo volverá poco a poco a recuperar su nivel energético optimo, para nuevamente orientarse a invertir cantidades de energía en nuevos vínculos o al sostenimiento de los que ya existen.

 

Desde esta perspectiva, el duelo es un proceso biológico que comparten todos los seres vivos y que consiste en la capacidad innata de reponerse frente a una pérdida. Sabemos que esta capacidad de reparación se encuentra relacionada con el metabolismo de la célula. En este nivel la célula puede verse expuesta a una amenaza de pérdida, ante lo cual reaccionara para defenderse, después llevará a cabo la retirada, posteriormente iniciara un proceso de reparación interna, para finalmente volver a interactuar con su medio.

 

Las cuatro reacciones metabólicas del duelo

 

Nuestro cuerpo se comporta de la misma manera. Frente a una amenaza de pérdida, nuestro cuerpo tiende a entrar en un estado de alerta, disponiendo de la capacidad de lucha o huida, al darse la pérdida, el cuerpo tiende a retraerse hacia un estado de reposo, en el cual llevará a cabo su proceso de reparación interna, después de lo cual, el cuerpo recobrará su vitalidad y podrá volver a invertir su energía.

 

De lo anterior podemos apuntar al centro de los procesos de pérdida y de recuperación de la pérdida en el cuerpo, que es básicamente el proceso de metabolización, esto es, la capacidad bioenergética de transformar la materia viviente en energía. Nuestro cuerpo es un sistema abierto que se encuentra en constante interacción e intercambio con el ecosistema, intercambiando fuentes de energía para ser asimilada y transformada en el organismo en movimiento, cognición, comportamiento y emoción. El metabolismo es el complejo proceso bioquímico que nos mantiene vivos.

 

Cuando un organismo se enfrenta a la amenaza de pérdida y cuando experimenta directamente esta pérdida, el cuerpo sufre una alteración en su metabolismo, el cual primero se acelera a través de la alarma, después disminuye drásticamente frente a la pérdida, posteriormente se repara y finalmente se equilibra. Alarma, disminución, reparación y equilibrio, son los cuatro momentos metabólicos frente a la pérdida. El duelo, desde este punto de vista, supone estos cuatro reacciones metabólicas:

 

  1. Reacción de alarma frente a la amenaza de pérdida.

  2. Reacción de retracción frente a la pérdida.

  3. Reacción de reparación frente a la asimilación de la pérdida.

  4. Reacción de equilibrio frente a superación de la pérdida.

 

Es importante entender la dinámica de estas cuatro reacciones metabólicas, pues de la comprensión de dicha biodinámica es posible realizar un contacto empático con las necesidades biológicas de la persona, así como la posibilidad de llevar a cabo un acompañamiento durante cada una de estas reacciones.

 

El psicoterapeuta o acompañante con una persona que este pasando por un proceso de duelo frente a una pérdida, podrá identificar la etapa de la reacción metabólica del organismo frente a la pérdida, lo cual le permitirá explicar al paciente o cliente para comprender sus reacciones, así como evaluar su metabolismo y poder anticipar las siguientes reacciones.

 

El amplio espectro de las pérdidas

 

Hasta el momento no nos hemos referido a los tipos de pérdidas. Es frecuente que cuando hablamos de duelos se tienda a pensar inmediatamente en una pérdida vital de un ser querido, esto es, del fallecimiento de una persona. Sin embargo la muerte no agota el amplio espectro de las pérdidas. De hecho, los procesos de duelo son una constante durante toda nuestra vida independientemente de las pérdidas vitales. Y esto es debido a que la pérdida no lo es tanto de un objeto, sino de la inversión energética que hemos realizado en ese objeto o persona. Aquí incluimos las pérdidas materiales, las corporales, las del ciclo vital, las de ilusiones, las relacionales, así como las vitales.

 

A lo largo de la vida una persona se tiene que enfrentar a la amenaza de una pérdida, la cual va desde un cambio de trabajo, hasta un divorcio, pasando por robos, depresión por pérdida de ilusiones, o las huellas que deja el paso del tiempo en nuestros cuerpos. De esta forma, la pérdida se encuentra asociada a cambios, a riesgos, a inversión energética, etc. Las pérdidas son parte de la vida, y sin ellas la vida es invivible, pues la vida siempre supone cambios.

 

El deseo de seguridad y confort ha hecho que las personas se resistan al cambio, lo cual predispone a las personas a experimentar los cambios como una pérdida, sin embargo, por experiencia sabemos que todo cambio y toda pérdida supone también una ganancia, una oportunidad de crecimiento, de madurez y de plenitud. Asimilar las pérdidas forma parte del arte de aprender a vivir, a arriesgar, aún y cuando las pérdidas supongan dolor y sufrimiento.

 

La perspectiva que asumimos desde la Psicoterapia Corporal de los Duelos y las Pérdidas, es que el proceso de duelo metaboliza energéticamente la pérdida en una ganancia. Esta perspectiva energética nos permite acceder a la experiencia de la pérdida desde los recursos biológicos con los que cuenta de forma innata nuestro organismo. Veamos como se entiende la pérdida desde el enfoque bioenergético.

 

El entramado energético de la vida

 

El Homo Sapiens es un animal social que tiende a establecer vínculos para su sobreviviencia y para experimentar la felicidad y la realización. Aunque también estos vínculos sean fuente de frustración, violencia y traición. Sea como sea, el hecho es que el ser humano es un animal de vínculos. Estos vínculos son lazos energéticos que nos ligan a las personas, ya sea de forma esporádica o de forma permanente. Si contempláramos los lazos energéticos que hemos realizado a lo largo de nuestra vida, se parecería a una red de telaraña energética. De esta forma podemos hablar del entramado energético de la vida: la sociedad.

 

Cuando nacemos, venimos con una cierta cantidad de energía, lo cual dependerá de la información genética heredada, así como de los factores ambientales, tales como la alimentación. A esto le denominamos como metabolismo energético, y consiste en la cantidad de energía con la que disponemos día con día para invertir en los lazos energéticos.

 

La economía de la inversión energética

 

Aunque disponemos de un monto determinado de energía, el entramado de la vida supone una economía de intercambio y retroalimentación, lo cual supone que cada persona podrá invertir una cantidad de energía en los lazos energéticos. En este sentido nuestro organismo es un sistema energético abierto, pues se alimenta y puede intercambiar energía con otros organismos. La base del entramado energético de la vida es el intercambio energético a través de la alimentación por los lazos energéticos entre las personas.

 

Cuando una persona establece un lazo energético con otra persona u objeto, este lazo supone la inversión de una cantidad determinada de energía biofísica, la cual puede ser cuantificada por la cantidad de energía invertida a través de los procesos corticales superiores, la excitación emocional, la respuesta fisiológica, el comportamiento neuromuscular, entre otras actividades energéticas nerviosas, hormonales y metabólicas.

 

La inversión económica de la energía podrá redituar de muchas maneras: afecto, amor, reconocimiento, seguridad, pertenencia, etc. A esto le denominamos necesidades bioenergéticas. Básicamente invertimos en las personas y en las cosas del mundo para cubrir nuestras necesidades bioenergéticas. Sin embargo, cuando por determinadas circunstancias el objeto en el cual hemos invertido nuestro lazo energético se pierde, el organismo sufre una descompensación metabólica. Pues el blanco de la inversión no solo se ha perdido, sino que también se llevado consigo el monto energético que se invirtió. En este momento la persona sufre una pérdida bioenergética. La inversión realizada, como en un banco o un negocio, se pierde, generando una descompensación en nuestra economía.

 

 

 

El tema de la pérdida y el proceso de duelo es un tema fundamentalmente económico, tanto de inversión energética, como de pérdida energética. Una parte del entramado energético de la vida se ve fracturado por la pérdida, después de lo cual es posible repararlo, para que el flujo energético a nivel social continúe movilizándose. Esta reparación del lazo energético dentro del entramado es la resolución del duelo. Esto se da cuando la persona, después de la pérdida, logra reparar su metabolismo y recuperar su monto energético para poder invertirlo nuevamente.

 

Desde un punto de vista psicosocial, la sociedad en tanto entramado socioenergético vital también tiene sus pérdidas, ya sea debido a traumas sociales, catástrofes naturales, violencia, etc. Decimos que la trama ha sido rota, quebrándose con esto el lazo energético de confianza, cooperación y pertenencia, estableciendo un estado de crisis social. Al igual que el tejido celular puede repararse ante una herida, el tejido energético de la trama socioenergética también puede ser reparado. La sociedad también pasa por sus propios procesos de duelo ante la pérdida de sus elementos.

 

 

 

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