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La formación de la coraza caracteromuscular

July 5, 2016

 

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

 

Para comprender a cabalidad la técnica del desbloqueo segmentario es menester considerar los planteamientos clínicos de Wilhelm Reich, en este caso, de la formación de la coraza caracteromuscular y su función inhibitoria de la excitación del flujo bioenergético del organismo (el reflejo del orgasmo). De esta forma podemos decir que la técnica del desbloqueo segmentario responde a una observación clínica fundamental dentro del edificio teórico-clínico del Paradigma Reichiano: la formación de la coraza.

 

La coraza es un conjunto rigideces en diferentes zonas o segmentos del cuerpo que tiene una función neuromuscular de defensa del organismo frente a situaciones de amenaza. La formación de la coraza es histórica, por lo que la coraza se forma de acuerdo al proceso biográfico del organismo subjetivado, esto es, de acuerdo a las diferentes etapas o estadios del desarrollo ontogenético, desde la concepción, la vida intrauterina, la etapa neonatal, hasta los diferentes estadios psicosexuales de desarrollo orgánico y de formación de la estructura psíquica.

 

La formación de la coraza tiene un inicio incipiente a partir de los actos reflejos fisiológicos del organismo en etapas arcaicas de la vida intrauterina. Dichos reflejos son respuestas del organismo que operan bajo el principio de sobreviviencia y de auterregulación del sistema neurovegetativo. De esta forma el organismo responde sensitivamente a la percepción de estímulos del medio ambiente como a los propios estímulos internos del propio organismo. Si el organismo se encuentra expuesto de forma permanente, como es el caso de la presencia de la madre, a estos estímulos, la respuesta fisiológica empieza a formar un patrón de respuesta, esto es, una impronta perceptual neurovegetativa que se va a quedar registrada como una memoria corporal o neuromuscular, denominada “inconsciente corporal”.

 

Hasta aquí nos encontramos con patrones de respuestas adaptativas frente a los estímulos y demandas externas, lo cual posibilita la maduración neurovegetativa del organismo. Sin embargo de forma muy temprana el organismo también se enfrenta a situaciones amenazantes donde éste no cuenta con la fuerza madurativa para luchar, huir o procesar, de tal forma que el organismo lleva a cabo una respuesta de alarma que no logra responder de forma adecuada, bloqueándose la descarga vegetativa y produciéndose una alteración del incipiente y vulnerable sistema de autorregulación neurovegetativo. Con esto el organismo se encuentra alterado; marca bioenergética sobre la cual se formarán los rasgos caracteriales subsecuentes.

 

Será esta inmadurez prematura del organismo humano el que lo predispone al desarrollo de la coraza. De forma progresiva, la respuesta de alarma del organismo frente a la frecuencia e intensidad de la amenaza irá formando un patrón de respuesta de alarma que supondrá una alteración de la auterregulación, configurándose así los patrones de alteración somática, esto es, rigideces neuromusculares que se integran como registros mnémicos en el inconsciente neuromuscular. Tenemos que estas rigideces datan de etapas muy tempranas donde aún no existe una maduración neurovegetativa ni una maduración de la estructura psíquica, por lo tanto, estas experiencias reiterativas de amenaza-respuesta queda en el campo de lo inconsciente pre-simbólico, como un reflejo fisiológico que a lo largo del desarrollo ontogenético se integrará a la estructura psíquica del sujeto, en este caso, a través de representaciones psíquicas.

 

La respuesta de alarma cumple la función de una defensa neuromuscular de contracción frente a la percepción de amenaza, información que se integra a nivel sensitivo en el sistema límbico y que alterará las funciones reptiles del paleo encéfalo, instalando un patrón de alteración bioenergética. Conforme el organismo se desarrolla en las diferentes etapas ontogenéticas se van integrando estos registros de defensa neuromuscular a la estructura psíquica a través de representaciones, donde operará la represión a partir de los sistemas ecológicos de regulación, en este caso, de la estructura y dinámica familiar donde se inscribe simbólicamente el sujeto.

 

La represión que opera psíquicamente contará con un basamento neuromuscular vegetativo, existiendo así una identidad funcional entre la represión psíquica y la respuesta de defensa neuromuscular. De aquí que podamos afirmar que desde el punto de vista ontogenético opera primero la defensa neuromuscular, la cual se inscribirá posteriormente y de forma progresiva en la tardía estructuración del aparato psíquico, inscripción que se dará en el anudamiento de los tres registros: real, simbólico e imaginario. La estructura psíquica desplegará defensas psíquicas con sus correspondientes defensas neuromusculares. Aquí nos encontramos con las primeras defensas caracteriales y la correspondiente coraza muscular. Reich planteara la unidad funcional de las defensa psíquicas y la coraza muscular, denominándola; coraza caracteromuscular.

 

 

 

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