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Sanar la ira

 

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

Director de AlterSoma

 

El derecho emocional a enojarse

 

¿Cuál es la diferencia entre el enojo y la ira? ¿es posible manejar la ira? ¿es la ira una enfermedad emocional? ¿se puede curar la ira? ¿cuál es la relación entre la ira y la violencia? ¿es posible desaprender la ira-violencia? ¿cómo puedo alcanzar un estado de equilibrio emocional?

 

La psicoterapia debe servirte y ser útil, y la mejor forma de saber si una técnica o proceso psicoterapéutico es útil consiste en preguntarte si esa terapia te ha ayudado a tomar decisiones sanas. No cabe duda que una psicoterapia con este tipo de utilidad social sea urgente en una sociedad tan asediada por la violencia como la nuestra. Quizás el cambio de esta situación empiece con nosotros, aprendiendo un poco más sobre la emociones y sus múltiples relaciones con el enojo, la ira y la violencia.

 

Lo primero que tengo que decirte es que el enojo es un derecho emocional, y aquí es importante distinguir el enojo de la ira. El enojo es una emoción básica de adaptación y sobrevivencia fisiológica que nos ha acompañado durante más de 10 millones de años de evolución del Homo Sapiens. El enojo es un señalizador fisiológico que nos pone alerta sobre una situación amenazante, propiciando aquello que llamamos “coraje”, la cual es una fuerza energética que nos permite defendernos, luchar o autoafirmarnos.

 

De esta forma el enojo nos permite defendernos, reclamar justicia y autoafirmarnos en nuestra dignidad humana. El enojo-coraje es la fuerza que utilizamos para poner límites entre nuestro organismo y las amenazas percibidas en el medio. El enojo no es solo un derecho, sino una emoción ineludible que forma parte de nuestro repertorio neurobiológico natural para adaptarnos al mundo.

 

Esclavos de la ira

 

Por el contrario, la ira tiene otras cualidades muy distintas al enojo, no solo en intensidad, sino en la forma como se gestiona esta energía. Podemos decir que la ira es una respuesta desproporcionada a la percepción de una amenaza. Y cuando decimos desproporcionada, nos referimos a que no existe proporción entre el estímulo y la respuesta, la cual tiende a ser exagerada, destructiva y violenta.

 

La ira es un indicador de que existe una herida, trauma o duelo no resuelto que se encuentra en nuestra memoria biográfica y somatosensorial (memoria corporal) que dispara una respuesta inadecuada en el presente. Decimos que la persona no esta respondiendo desde el presente del estímulo, sino desde el pasado actualizado del trauma, herida o duelo.

 

 

 

Diferencias entre ira y enojo

 

Las siguientes cualidades nos ayudarán a distinguir entre la ira y el enojo.

 

El enojo normalmente es proporcional al estímulo percibido como amenazante, esto es, la persona no confunde el presente con el pasado, no responde desde su pasado traumático o el duelo no resuelto. En la ira, como hemos visto, la respuesta es desproporcionada, la persona no responde al presente, sino a la herida, trauma o duelo no resuelto del pasado. En este caso la ira puede ser un síntoma emocional de un estado patológico.

 

El enojo es controlable, esto es, la persona cuando experimenta el enojo tiene la capacidad de darse cuenta, de parar, de tomarse un tiempo y conectarse con sus necesidades insatisfechas. Decimos que la persona puede gestionar su enojo a través de la autorregulación fisiológica. La ira, por el contrario, es incontrolable. Muchas veces este descontrol o impulsividad se encuentra relacionada con problemas en los neurotransmisores, en ciertos circuitos cerebrales y en un posible daño en los lóbulos prefrontales, los encargados del control de los impulsos. La impulsividad, como veremos, lleva la ira al nivel de violencia destructiva y autodestructiva.

 

El enojo es descargable, la cualidad energética del enojo que se proyecta desde el organismo hacia el entorno (poniendo límites) es descargable, esto es, la energía liberada a través de la voz, la respiración, el movimiento, etc., lleva a un estado de calma y tranquilidad. Por el contrario, la ira no es descargable, es recargable, genera una especie de adicción a la adrenalina, el cortisol y la testosterona, formando un circuito de retroalimentación que tiende a incrementarse en intensidad.

 

Mientras que la energía del enojo es liberadora, la energía de la ira es esclavizadora. Experimentar el enojo facilita la liberación de tensión y el regreso a un estado de equilibrio. Experimentar la ira es dejarse afectar por la cascada de neuroquímicos que aumenta de forma dramática la tensión en el organismo.

 

Economía de la ira: explosión, represión e implosión

 

Es posible experimentar la ira de tres formas. La primera es la explosión, en donde la energía se dirige hacia fuera, contra el entorno, habiendo un desbordamiento incontenible. Las personas que experimentan la ira explosiva gastan mucha energía constantemente, defendiéndose de los demás contra la posible actualización de humillaciones y traiciones.

 

La segunda es el resentimiento. En esta forma la energía de la ira eleva un límite contra el mundo exterior, generando un esfuerzo por mantener su límite interno para no desbordarse. Las personas que experimentan la ira resentida gastan mucha energía intentando contener los impulsos agresivos, generando una gran cantidad de tensión física para contener los límites emocionales internos. Estas personas suelen transformar su energía muscular en energía mental que se expresa en juicios y moralidad.

 

La tercera es la implosión. En esta forma la energía de la ira trata de mantener dos límites, hacia el interior (represión) y hacia el exterior (explosión), evitando los estados de alteración nerviosa. Estas personas suelen expresar su ira a través de posturas pasivo-agresivas. Gastan su energía vital en mantener los dos límites, haciéndose insensibles a sus propios cuerpos y emociones, sintiendo una continua debilidad energética.

 

La ira destructiva: la violencia

 

Muchas personas esclavas de la ira terminan ejerciendo la violencia destructiva hacia su entorno y hacia sí mismos. Estas personas suelen haber vivido en un contexto familiar de abuso, castigados severamente de forma aleatoria, no se identifican con sus padres, y muchas veces estos padres son agresivos y alcohólicos. La delincuencia y el comportamiento antisocial están relacionados con la baja calidad de las relaciones familiares en la infancia, a esto le llamamos “pobreza vincular”. Los problemas de apego entre madre e hijo predicen comportamientos antisociales, así como los problemas de apego entre padre e hijo predicen agresión sexual en la edad adulta.

 

La pobreza vincular se presenta cuando los padres están ausentes, son rechazantes, insensibles a sus necesidades, no muestran cariño y responden de un modo incoherente al comportamiento de sus hijos. La pobreza vincular lleva a los niños a la soledad, siendo ésta un predictor de la ira y la hostilidad.

 

Los cuatro pasos para sanar tu ira

 

Ahora sabemos que la ira en sí no es una enfermedad, sino un síntoma que da cuenta de otros posibles cuadros clínicos. Independientemente de la complejidad de estos cuadros, es posible tratar la ira de forma específica para sanarla. Para realizar esto hemos diseñado un modelo de facilitación de procesos psicocorporales que permiten sanar la ira en cuatro pasos: 1) reconocer y anticipar, 2) retirar y drenar, 3) procesar, y 4) resolver.

 

 

 

Reconocer y anticipar la ira

 

El primer paso consisten en reconocer los señalizadores fisiológicos, conductuales, emocionales y cognitivos asociados a la ira, así como anticipar el proceso que se desencadena si no se regulan. Dentro de los señalizadores fisiológicos se encuentran el incremento del ritmo cardiaco, opresión en el pecho, incremento de la temperatura, enrojecimiento, etc. En los señalizadores conductuales se pueden observar apretar los puños, nerviosismo, movimientos corporales repetitivos, alzar la voz, azotar las puertas, etc. En los señalizadores emocionales se encuentran la inseguridad, los celos, el rechazo, la humillación, el miedo, el abandono, etc. Y finalmente, en los señalizadores cognitivos se encuentran interpretaciones de crítica, humillación, control, etc., las cuales se realizan a través de un diálogo interno.

 

Todos estos señalizadores son formas como las personas pueden hacerse conscientes de que se encuentra enojados o que se ha desencadenado la ira. Identificarlos permite anticiparse a través de la autorregulación.

 

Retirarse y drenar la ira

 

Reconociendo y anticipando la ira a través de los señalizadores, se puede llevar a cabo la retirada del lugar donde se encuentra la persona, esto con la intención de no dañar, lastimar o incrementar la tensión, dando la oportunidad para drenar y descargar la ira de forma segura.

 

Una vez retirado del lugar es de vital importancia evitar dañarse a sí mismo o a terceras personas. Drenar el enojo se puede realizar a través de un entrenamiento especializado, ya sea personal o en grupo. La técnica consiste en realizar ejercicios de procesamiento psicocorporal de las emociones: ejercicios de bioenergética, técnicas de respiración, de imaginería, atención plena, gimnasia emocional, entre otros.

 

Procesamiento interno del conflicto

 

La técnica de comunicación noviolenta o comunicación empática permite que las personas cuenten con una técnica para purificar sus intensiones y motivaciones a través del contacto con sus propia necesidades. Esta técnica se basa en un diálogo interno sobre lo que sucedió: 1) ¿Qué actos concretos observo que afectan mi bienestar?, 2) ¿Cómo me siento en relación a lo que observé?, 3) ¿Cuál es la necesidad no satisfecha que se encuentra detrás de mis sentimientos?, y 4) ¿Qué actos concretos quiero pedir a la otra persona para enriquecer nuestra vida/relación?

 

A través de un estado de meditación o atención plena (mindfulness) es posible llevar a cabo este procesamiento en la comunicación interna sobre el conflicto, facilitando el contacto con la propia necesidad no satisfecha.

 

Resolución positiva de conflictos

 

Hay por lo menos cuatro posibilidades de enfrentar un conflicto: 1) yo gano, tu pierdes, 2) yo pierdo, tu ganas, 3) yo pierdo, tu pierdes, y 4) yo gano, tu ganas. La cuarta opción es a lo que llamamos un afrontamiento positivo de los conflictos, y hacia donde se dirige este paso, a resolver la fuente que inicio la ira, ya sea externa o interna (las heridas).

 

Se plantean cinco pasos para resolver de forma positiva los conflictos: 1) realizar una orientación positiva hacia el conflicto, diciendo las siguientes autoafirmaciones “ toma un respiro y tranquilízate”, “no hay catástrofes inmediatas”, “puedo manejarlo”. 2) Plantee las siguiente preguntas: ¿Cuál es el problema? ¿Qué quiero lograr?, ¿Por qué quiero obtener esa meta? 3) En el tercer paso planteamos soluciones para el problema, primero pensando en una solución, y después pensando en por lo menos tres soluciones alternativas. 4) En el cuarto paso llegamos a la toma de decisiones, la cual consiste en elegir una solución, y 5) finalmente implementar la solución. ¿Esta satisfecho con el resultado? ¿No? Aun se pueden probar las otras alternativas planteadas.

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