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Trauma, somos animales heridos

February 23, 2017

 

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

 

En las conferencias que imparto sobre el trauma siempre afirmo que nosotros tenemos el poder de curar. Cuando digo esto las personas creen que el “nosotros” se refiere a los psicoterapeutas, sin embargo inmediatamente hago notar que me refiero a “todos”. Y es que en el tema del trauma el cuerpo tiene el poder de curar. Nosotros, los psicoterapeutas corporales, sólo ponemos a dialogar nuestro cerebro reptil con el cerebro reptil traumatizado de nuestros pacientes.

 

Muchas veces les digo que mi trabajo psicocorporal no es con ellos, con esa parte de su cerebro que tiene conciencia y que se autodenomina “yo”. Sino que me comunico con su parte más animal, esto es, con su cuerpo animal. Cuando digo esto afirmo que en ti existe una parte animal que formalmente ha sido negada, y que nos enseñaron desde la infancia a reprimir. Esto ha sido muy lamentable, porque esta represión nos ha llevado a separarnos formalmente y realmente de nuestra naturaleza animal. Muchas personas podrán sentirse agredidas o incómodas con esta afirmación, pero lo que sí les puedo decir es que en el trabajo psicocorporal siempre se evidencia el animal herido y asustado que llevamos dentro.

 

Nuestro cuerpo animal es evolutivamente anterior a nuestro cuerpo simbólico. Nuestro cuerpo simbólico es el que “utilizamos” para relacionarnos, del que tenemos conciencia, el que embellecemos, del que cuidamos los modales, el vestido, la apariencia, las formas, es el que entrenamos, con el que trabajamos. Nuestro cuerpo animal es anterior, éste coexiste con nuestro cuerpo simbólico y se encarga de la digestión, la respiración, la frecuencia cardiaca, la sudoración, los tics nerviosos, el tartamudeo, la orina, la erección, el sueño, la homeostasis, pero también del enojo, el amor, la tristeza, la euforia, la desorientación, etc.

 

Cuando una persona vive una experiencia traumática siente que algo dentro de sí se ha roto. Eso herido que hay dentro ti es el cuerpo animal que ha sido traumatizado. Normalmente nuestro cuerpo simbólico, que se encuentra en consonancia con nuestro cerebro consciente (neocortex), establece una lucha contra el cuerpo animal, intentando dominarlo, con lo que nuestro cuerpo animal se asusta aún más. Podemos decir que dentro de nuestro cuerpo simbólico habita un mamífero y un reptil, en donde nuestro cuerpo mamífero es fundamentalmente emocional y nuestro cuerpo reptil se dedica a la defensa y la sobrevivencia. Sin estos cuerpos evolutivos no existiríamos como especie.

 

Nuestro cuerpo mamífero y nuestro cuerpo reptil son sumamente poderosos. A nuestro cuerpo mamífero le debemos la capacidad para parir, amamantar, cuidar amorosamente nuestras crías, establecer un vínculos emocionales permanentes con las personas, para tener compasión y empatía con los demás, así como experimentar la capacidad de excitación sexual, el apareamiento y el orgasmo. Todas esta conductas, y más, se encuentras grabadas en el programa biológico de nuestro cuerpo mamífero.

 

A nuestro cuerpo reptil le debemos nuestra capacidad de huir frente al peligro, de luchar y defendernos en contra de nuestros adversarios, de regular nuestra temperatura, alterar nuestra frecuencia cardiaca, mantener la respiración, de temblar por miedo, de sudar por cansancio, de buscar alimentos, de digerir los alimentos y de buscar una cueva. Gracias a estas conductas grabadas en este programa biológico es como hemos podido sobrevivir como especie y como individuos.

 

Cuando vivimos una experiencia traumática se activa lo más primitivo de nuestro cerebro, esto es, nuestro cuerpo reptil. Frente a una amenaza vital nuestro cerebro reptil envía una señal inmediata a nuestro cuerpo reptil-mamífero para luchar o huir, y cuando no es posible ninguna de estas dos conductas, el cerebro reptil lo que hace es desconectarse (desmayo) o paralizarse (congelamiento).

 

Prácticamente es nuestro primitivo cerebro y cuerpo reptil el que es traumatizado. Traemos un reptil herido y asustado, alterando todos los procesos y conductas de nuestro cuerpo reptil: se acelera nuestra frecuencia cardiaca, se enfría nuestro cuerpo, respiramos más rápido y entrecortado, nos volvemos más miedosos, estando constantemente alertas, a la defensiva, alterando nuestro sueño, alimentación, concentración y energía. En definitiva, el trauma congela nuestro cuerpo reptil haciendo amenazante nuestra percepción del mundo.

 

Este mismo cuerpo reptil traumatizado y congelado, es el mismo capaz de curarnos. El Modelo de Psicoterapia Corporal Postraumática que he desarrollado permite llevar a cabo un diálogo empático y compasivo con tu cuerpo reptil, facilitando un proceso, digámoslo así, de rehabilitación reptiliana, donde le ayudo a tu cerebro a discriminar los estímulos amenazantes de los no amenazantes, así como ayudarlo a tranquilizarse frente a una situación de amenaza, habilitando su capacidad innata para descargar la carga endócrina a través de los músculos, el movimiento, la voz y la expresión emocional. De esta forma el cuerpo-cerebro reptil podrá restablecer su capacidad innata de equilibrio y autorregulación biológica.

 

Te interesa entrenarte en el Modelo de Psicoterapia Corporal Postraumática (MPDP):

http://www.altersoma.com/psicoterapia-corporal-postraumtica-c1rp

 

 

 

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