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Trauma psíquico y dolor crónico

 

Trauma psíquico y dolor crónico

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

 

A finales de los años 70´s en Estados Unidos se propone la nosografía del Síndrome de la Mujer Maltratada, la cual, aparte de cumplir con los criterios de lo que después se denomino como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), se añadían otros tres criterios, dentro de los cuales aparece el dolor corporal.

 

Si bien sabemos, desde el estudio de la histeria por Charcot, Janet y Freud, que los pacientes con “perturbaciones libidinales” o abusos sexuales infantiles tendían a presentar síntomas psicosomáticos, o como actualmente se conocen, Trastornos Somatomorfos, resulta revelador cómo el trauma psíquico se incrusta en el cuerpo como una serie de dolores específicos o generalizados. Más allá de la visión que tiende a desdeñar estos trastornos psicológicos por dolor, remitiéndolos al campo ideopático, es importante insistir sobre su origen orgánico, encontrando la clave en la comprensión del papel psicoemocional que juega la compleja red de fascias en todo el cuerpo.

 

La fascia o envoltura de los músculos y órganos es un sistema complejo que tiene la función de dar un limite interno al organismo, ya que gracias a esta red es como nuestro cuerpo no se convierte en una bolsa amorfa de huesos, músculos y órganos. Esta red de fascias también es la primera defensa del cuerpo frente a una situación de amenaza vital, ya que ella despliega una reacción de tensión que prepara al cuerpo ante un posible golpe o lesión, así como activa nuestro sistema inmunológico, ya que también contiene células linfáticas.

 

La relación que se establece entre violencia, trauma y dolor crónico resulta ser muy significativo para la Psicoterapia Corporal Postraumática, pues el trauma psíquico se incrusta como un dolor crónico en nuestro cuerpo. El dolor muscular es la forma como intenta tramitar nuestro organismo el dolor y la aflicción emocional que genera una situación altamente estresante. El sostenimiento crónico de un estado de simpaticotonía, caracterizado por la tensión muscular, lleva a un proceso de debilitamiento energético y de lesión en el tejido que da lugar a un deterioro general y progresivo del organismo, derivando en un estado de colapso.

 

Al abordar el núcleo biológico del trauma será preciso tomar en cuenta durante la evaluación neuromuscular la presencia del dolor corporal, ya que es un signo no solo del trauma y simpaticotonía, sino de su cronificación temporal. De igual forma, el abordaje psicoterapéutico tendrá al dolor crónico como uno de sus objetivos principales, debido a que el mantenimiento de dicho dolor supone alteraciones vegetativas, musculares y emocionales importantes.

 

El criterio del dolor crónico en el sistema musculo-esquelético es fundamental para el diagnóstico, el pronóstico y la estrategia de tratamiento psicocorporal. En este sentido ha sido muy favorecedor la utilización de técnicas de manipulación manual de las fascias, lo cual se puede realizar a través de diferentes técnicas, las cuales tienen como objetivo la rehabilitación de la fascia a través de la liberación del dolor muscular y el fortalecimiento y tonificación.

 

Sabemos que el dolor crónico debilita al cuerpo, y este debilitamiento a su vez se experimenta como decaimiento, apatía, aplanamiento emocional, etc. Por eso resulta fundamental el trabajo psicocorporal de manipulación manual para liberar y paliar el dolor, reduciendo considerablemente el dolor y fortaleciendo las fascias, lo cual coadyuva al proceso de  rehabilitación psicocorporal.

 

 

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