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Expertos en desconexión emocional

 

Expertos en desconexión emocional

Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

 

Somos expertos en desconexión emocional. Momento a momento, segundo a segundo, nuestra mente divaga en un sin fin de fantasías, que como diría Zizek, estas fantasías-fantasmas nos acechan. El Budismo ha dado cuenta de los pormenores de nuestra mente de chango, la bruta incapacidad de poder enfocarnos. Nuestra cultura capitalista competitiva exalta el multitask, arrastrándonos a la vorágine de las pantallas, las ventanas, las apps, los dispositivos, los datos, etc. Ahora nos encontramos en la era de hiper-desconexión.

 

Esta desconexión supone nuestra perdición. Hemos sustituido irremediablemente el encuentro cara-a-cara por la conexión al Wi-Fi. Nos hemos perdido del maravilloso encuentro piel-a-piel, la experiencia ética de dejarnos interpelar por el otro levinasiano, un encuentro analéctico (E. Dussel) de diálogo, una experiencia fundante de la ética y la política. En su lugar nos encontramos con el vacío de la hiper-realidad, la vacuidad nihilista de los datos, los encriptamientos y las series de números y códigos que configuran esta realidad virtual de desconexión piel-a-piel.

 

El trabajo terapéutico de la recapitulación sexoenergética supone un sujeto con un mínimo de conexión (diría San Ignacio de Loyola “sub-yecto”), sin el cual el trabajo corre el peligro de ser únicamente mecánico y repetitivo, carente de substancia emocional. La realidad emocional es un vínculo material que establecemos en el encuentro cara-a-cara y piel-a-piel en el aquí y ahora. Es un dejarse interpelar de forma sensitiva por la proximidad del otro, experimentando el miedo, la ansiedad, los fantasmas (cierta misantropía inconsciente), o quizás, de forma inesperada, el placer, la acogida, la ternura, la euforia y la alegría (cierta filantropía inconsciente).

 

Sin lugar a dudas, el encuentro cara-a-cara y piel-a-piel en el aquí y ahora no puede dejar indiferente a nadie, al menos que se encuentre muerto o sedado. La interpelación dérmica que supone este encuentro con la otredad, con esos otros continentes de materia sensitiva y emocional, nos permite conectarnos con la realidad (relación) emocional. En este sentido, la realidad siempre es una relación, y la relación no puede ser sino sintiente. Somos animales de realidades y relaciones sintientes, esa es nuestra naturaleza (E. Galeano decía sentipensantes).

 

Nuestro proceso mamífero de hominización pasó por la etapa crítica del apego, un programa neurobiológico que nos ha permitido sobrevivir como especie y al cual le debemos nuestro carácter social, emocional y religioso (religare; volver a unir o conectar). Somos animales de manadas, y en ese sentido la cohesión social, la búsqueda de seguridad y protección grupal se encuentra inscrito en nuestros genes, simplemente es una cuestión de sobrevivencia (el miedo favorece la cohesión). Sin embargo, el amor es otro motor que nos lleva a conectarnos, ya no desde la amenaza o el miedo, sino desde el deseo, la afinidad, el placer, y esa profunda conexión de apego que desarrollamos con las figuras de protección.

 

Nuestra cultura solo favorece el apego desde el miedo, hemos perdido el apego desde el amor. La Sexoenergética plantea esta situación como un “estado de emergencia” de nuestra condición humana, puesto que el miedo des-humaniza, el miedo favorece las respuestas reactivas de agresión y huida. Los seres humanos podemos entrar a una des-evolución, un proceso regresivo filogenéticamente a los estadios reptilianos de reactividad. Hoy más que nunca nuestra condición humana se encuentra en el filo de la barbarie.

 

La conexión cara-a-cara, piel-a-piel en el aquí y ahora es un dispositivo potencializador de nuestra condición humana, pues nos remite a los estadios primarios de desarrollo, aquello en donde el cachorro humano fue tocado, mirado, sostenido, amamantado, besado, colmado, olido, alimentado, acurrucado, arrullado, por una cuidadora, por su manada, por su tribu.

 

La tribu y la manada son el exo-útero donde el primate homo sapiens puede terminar su proceso de maduración, y será ese espacio exo-uterino del siempre estará en búsqueda, alcanzándolo solo a través de el amor profundo, el contacto, la danza, la música, la meditación, la celebración, momentos fulgurantes que remiten a esa experiencia oceánica de unión con la totalidad (uterina).

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